jueves, 24 de mayo de 2007

EL INFIERNO ES UN BUEN LUGAR (texto de La Nacion de Chile)

LA AFILADA PLUMA DE DOS “SUCIOS” DE LA LITERATURA VECINA

El infierno es un buen lugar

Los “Bukowskis” altiplánicos cuentan las cosas sin adornos. El peruano Sergio Galarza no defiende a un país que le ha negado un pedazo de tierra al hablar de conflictos limítrofes y el boliviano Víctor Hugo Viscarra, con más de 33 años viviendo en la calle, elige la calefacción del averno porque el cielo es muy frío. Sabe que morirá en la calle. Solo como un perro, alcoholizado. Estas son sus historias.

Nacion Domingo

Paulina Arancibia

“Me moriré en París con aguacero,/ un día del cual tengo ya el recuerdo./ Me moriré en París -y no me corro-/ tal vez un jueves, como es hoy de otoño.” César Vallejo escribió estos versos manifestando sus deseos de fallecer en la Ciudad Luz. El 15 de abril de 1938, cumplió su profecía.
A principio de los noventa aparece en Perú una camada de nuevos escritores que no miraban más allá de las fronteras. Sus temas eran la ciudad, los travestis, la adolescencia y los vicios de sus propios paisanos. Lo mismo ocurrió en Bolivia con Jaime Sáenz, quién trató de escribir sobre la marginalidad pero siempre a distancia, sin revolcarse en ella.

En Perú, los escritores Julio Ramón Ribeyro, Oswaldo Reynoso y Sergio Galarza rompen con la estética europea, y en Bolivia, el maldito Víctor Hugo Viscarra -desde los submundos de La Paz- extrae historias para escribir “El diccionario del Coba: Lenguaje secreto del hampa boliviana”.

Sobre el eterno conflicto Chile-Bolivia, Viscarra explica que ya han pasado más de cien años de la guerra. “Creo que todos nuestros presidentes han infectado al pueblo con chauvinismo. Sin embargo, el norte de Chile sobrevive gracias a la importación boliviana. Con el trabajo de la gente boliviana”.

Mientras, el peruano Sergio Galarza dice sobre la pugna que “en lo particular no me interesa como historia, pero me ha dado una idea más para un cuento viajero que estoy escribiendo. Mi país ni siquiera me ha dado un pedazo de tierra, por lo mismo no me interesa defenderlo”.

MATACABRAS DEL PERÚ

Julio Ramón Ribeyro, es el padre. Pero en la actualidad Sergio Galarza, es el mayor representante de jóvenes escritores de la corriente narrativa “realismo urbano” nacido en Perú en la década de los noventa. Galarza junto a otros autores llegó para hacer el recambio generacional que revitalizó el campo de la narrativa peruana.

La oferta creó una demanda y lo siguiente fue una reacción en cadena: muchos escribían sobre lo mismo hasta llegar a niveles de saturación temática. “Los críticos nos dieron con todo, muchos escritores se dejaron llevar por los dichos de éstos y no leían más que a Bukowski o se leían entre ellos”, sentencia Galarza. Autores que vagaban entre corrientes similares -el realismo urbano como el escritor Julio Ramón Ribeyro y el realismo sucio de Oswaldo Reynoso- ambas tendencias que incorporaban en su lenguaje la jerga juvenil y de claros referentes a la cultura pop, el rock y las drogas.

Sergio Galarza quien escribe como habla, en su libro de cuentos “Matacabras” abandonó cualquier tipo de preocupación o crítica social y escribe sin mayores pretensiones. El año ‘97 publicó “El infierno es un buen lugar” que incluía todos los temas que trata la literatura de la “realidad sucia”. Luego en el ‘99, lanzó “Todas las mujeres son galgos”; el año pasado las crónicas “Los Rolling Stones en el Perú”, y este año “La soledad de los aviones”. Para Galarza escribir es un ajuste de cuentas.
-¿El boom de escritores en la década pasada fue una especie de concesión con los nuevos gustos de los lectores?
-Sí, apareció una cantidad considerable de escritores que comenzaron a escribir de lo mismo, del mismo tema y ambientes. Así nació el realismo sucio peruano. La critica declaró sobre esta cría de escritores, que Bukowski era su mayor influencia, máximo representante de este género. Y ese dicho creó un fenómeno extraño, porque un tipo dijo una cosa y luego todos comenzaron a repetirlo, lo copiaban.
-¿Qué autores te influenciaron?
-Oswaldo Reynoso autor de los “Eunucos inmortales”, es el quien dio origen a toda esta corriente acá en Lima. En los años sesenta, Oswaldo comienza a contar historias con un estilo propio para usar la jerga. Usaba una forma poética. Él retrata desde un espacio más bien lúmpen, todos son delincuentes u homosexuales, roban carros, pero también tienen conflictos propios de adolescentes: se roba un auto, pero al mismo tiempo está pensando en una chica que lo acaba de rechazar.
-La crítica peruana dice que el realismo sucio peruano murió con Julio Ramón Ribeyro ¿cuál es tu opinión?
-Eso es como decir que después de Oswaldo Reynoso no hay otro escritor realista y eso es injusto ¿no? Ribeyro es el padre del cuento acá, además es uno de mis favoritos.
-¿Hay diferencia entre el realismo sucio y el realismo urbano?
-Sí, porque el realismo urbano acá empieza con el descubrimiento de una nueva clase social que son los desplazados. Por ejemplo Ribeyro, en su cuento “Los Gallinazos sin plumas” retrata por primera vez a esos personajes, los chicos que reciclan basura, retrata como era Lima en esos tiempos.

VISCARRITA MARGINAL

Una semana demoró Pablo Gozalves, editor de “Entre líneas”, en sacar de las calles a Víctor Hugo Viscarra, reconocido escritor boliviano, quién el pasado cuatro de mayo cumplió 33 años viviendo en las calles. Víctor se escapó de la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, donde su amigo y editor lo había dejado, después de buscarlo entre protestas, desmanes y presidentes disidentes, para que a la mañana siguiente respondiera la entrevista que le pedimos desde Chile.
Trasnochado, ebrio y enfermo, al Bukowski boliviano aún le quedan energías para opinar del histórico conflicto entre nuestras naciones y arremeter contra un mundo que lo dejó fuera.

A los 47 años Viscarrita es autor de “Alcoholatum y otros drinks: Crónicas para gatos y pelagatos”, un texto autobiográfico que se agotó rápidamente. En vista del éxito obtenido regresó con “Borracho estaba, pero me acuerdo: Memorias del Victor Hugo”. A pesar de que muchos críticos lo han encasillado en el género biográfico, Víctor Hugo dice que lo suyo “no es crónica, no es biografía, no es cuento, no se define. Es una literatura in-nom-bra-ble”.

Aquí un recuento de la vida de Viscarrita. Por sus callejones, plazas y pensiones de mala muerte, tomando tragos baratos y escribiendo en lo que encuentra.
-¿Qué características de la realidad te atraen para escribir?
-Simplemente quiero lograr escribir sobre seres humanos, que como tal, tienen derecho a sus virtudes y defectos. Porque son seres a los que pisotean. Y yo, como soy el príncipe valiente quiero estar cerca de ellos y los defiendo. No tengo ni un centavo, y supuestamente a diferencia de Chile, somos el asco boliviano. Vivo en la calle y nunca tengo plata. Soy un pobre muerto de hambre. Entonces ¿Qué más realidad que esa para escribir?
-¿Cómo te formaste en la escritura?
-He tenido mis universidades: celdas, callejones clandestinos, casas abandonadas, puertas de calle, alojamientos... viviendo con mi gente, que es ¡mí submundo! mío solito. Me he criado en la basura, y he conocido muchos basureros y desde ahí escribo. Soy un antropólogo porque alguien tiene que reventarse por mi gente y eso me da premio. Además me tratan de alcohólico, me gusta el alcohol. Como te decía he vivido en la calle y gracias al alcohol he sobrevivido.
-A quién te sientes más cercano: ¿A Jaime Sáenz o a Charles Bukowski?
-Sáenz es un mediocre. Bukowski me gusta porque ha sido un deslenguado igual que yo. De él he leído “Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones”.
-¿Cómo es tu relación con la noche?
-La noche te trata como una madrastra, pero así y todo no le tengo miedo. Hay momentos en los que tengo terror, cuando estoy cansado y quiero dormir... La noche ha sido mi compañera. El año pasado caí enfermo, me moría de tuberculosis.
-La soledad...
-La soledad. ¡La soledad, hay que vivirla!, he renunciado a muchas cosas. Por ejemplo a tener una familia, a todo, la soledad te destruye y hay que ser macho para aguantarla. Pero los amigos son la familia que uno quiere tener. Vivo en mi mundo. Estoy por mi gente, porque son mis delincuentes, son mis putas, mis maracos, mis mendigos, mis ladrones. El único portavoz que ellos tienen soy yo. Para mí la escritura es como una especie de desahogo, nunca esta ¡maldita sociedad! me ha dado algo.
-¿Y el alcohol?
- El alcohol me ha ayudado a funcionar, me ha protegido del frío, de todo. A los catorce años me independicé, tengo cuatro libros, “El diccionario del coba” tres ediciones, pero nunca he tenido plata, ni un plato de comida he tenido, pero no importa, yo vivo como vive mi gente del submundo boliviano.
-¿Tienes ego, vanidad?
-El año pasado en la Feria Internacional del Libro, al único escritor que le han hecho un homenaje en vida, ¡fue a mí!, no lo podía creer. Hay muchos que se sienten ofendidos con mi literatura. Con mi libro “Borracho estaba, pero me acuerdo”, he tenido tres juicios por difamación. Pero como no tengo un lugar fijo donde vivir, no pasó nada. Además todos los que me homenajean, son unos hipócritas que viven en la porquería. El Apocalipsis dice que vendrá el juicio final y habrá gente que se irá al infierno por sus actos, pero yo digo: me da igual, porque he vivido toda mi vida en un infierno.
-Qué piensas de Chile y los conflictos con Bolivia y Perú...
-Creo que la vida cultural en Chile debe ser muy rica. Digo porque no en vano tienen dos premios Nobel: Mistral y Neruda. Aunque no he leído mucho, porque esos libros son muy caros y yo no tengo ni un centavo, nunca tengo dinero. El histórico conflicto o pelea... ya han pasado más de cien años. Creo que todos nuestros presidentes han infectado al pueblo con chauvinismo. Prefiero estar en paz con ellos. Sin embargo el norte de Chile sobrevive gracias a la importación boliviana, digo con el trabajo de la gente boliviana, pero tienen derecho. Según la historia, eso nos pertenecía, pero donde estamos mal aquí, tenemos un mar de problemas acá en Bolivia que se deben resolver antes que cualquier otra cosa, pero los políticos desvían la atención hacía Chile.
-A qué crees que se debe el éxito editorial de autores como Bukowski o Fante...
-Sí es verdad, pero yo me llevo la fama de decir ¡EL EDITOR SE LLEVA EL DINERO!, una maravilla ¿no? Es que la gente lee lo que nadie se ha atrevido a escribir, y ¡vaya que escribo bien! Mi escuela ha sido la calle y la selección de pequeñas obras. Comencé en los ochenta a escribir, a publicar y nunca vi un centavo. La gente se interesa en mi literatura porque no disfrazo las verdades, escribo las cosas tal y como son. Es más, te cuento que en una discusión de ebrios uno me dice ‘Hijo de tal por cual’ entonces yo no le respondo ‘no es así, soy hijo de una señora de dudosa reputación’.
-¿Qué críticas le haces a las instituciones, como la Iglesia, la familia, en sus escritos?
-Creo que mi verdadera madre es la cigüeña. Hasta los doce años viví con mi madre y mi hermana mayor. Y el pan nuestro de cada día era una sacada de mugre. Ella me quemó las manos y me rompió la cabeza. Después me fui donde mi padre. Ahí tuve un problema con mi madrastra. Le dije: ella o yo. Él la eligió a ella. Y me fui a la calle.
-¿Qué quieres hacer ahora?
-Irme a la parroquia de mi amigo Humberto, uso su computadora y desahogarme en las teclas porque tengo mucho que decir. Quiero dejar un testimonio de que, aunque la vida sea dura, uno tiene que demostrar que tiene dignidad y nobleza, no queda otro camino.
-Conociste a Dios y terminaste jugando con el diablo.
-El diablo fue mi padrino de bautizo. La cosa es que el cielo es frío, en el infierno hay calefacción, prefiero estar abajo. Sé que moriré en la calle. Solo como un perro, alcoholizado. Y es más, no creo que me den el premio Nobel, porque como no tengo pasaporte ¿Cómo voy a llegar a Suecia?.

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